Aquella mañana no parecía haber nada destacable. Tan sólo un hombre sentado en un banco del parque, hojeando un periódico sin demasiado interés. Un hombre vestido con ropa ligera, tocado con una gorra. Nada sospechoso.
No para el ojo inexperto, al menos.
Pero un investigador cualificado podía ver mucho más. Podía ver que el periódico era de dos días atrás. Podía ver que era la única persona en el parque. Podía ver dónde estaba situado ese parque. Ni siquiera necesitaría ver el rostro del hombre para saber que no se trataba de un simple paseante disfrutando de un momento de relajación.
El investigador se aproximó al hombre. Se sentó junto a él sin mediar palabra y aguardó unos segundos, a ver si su compañero de banco tenía el valor de iniciar la conversación.
Fueron los segundos más tensos de mi vida. Pero al final, fue el investigador quien tuvo que dar el primer paso.
—¿Qué ha sido del sombrero y la gabardina, Jack? —preguntó.
Suspiré y levanté la mirada del periódico.
—Demasiado calor, Víctor —respondí—. ¿Cómo has sabido que estaría aquí?
—Era el único sitio en el que podías estar. Al menos, sabiendo que hoy la Sociedad cumple cuatro añitos y no te atreves a volver a tu oficina. ¿Quieres explicarme qué es esto?
Arjona soltó sobre mi regazo una abultada carpeta. Una carpeta con el emblema de la Sociedad del Misterio, el sello de la huella dactilar con el signo de interrogación entre sus dibujos.
—Mi informe —repliqué—, dado que el caso se nos ha quedado oficialmente grande. Un ciudadano responsable, en estas circunstancias, avisaría a la policía y les proporcionaría toda la información de que dispusiera.
—Déjate de tonterías, Jack, nos conocemos desde hace ya mucho. ¿Por qué me pasas esto?
—Porque eres el único en el Departamento que todavía me quiere ver con buenos ojos, y porque no quiero que esto se quede sin cerrar.
—Jack…
—Dos muertos, Víctor. Porque alguien nos robó una revista porno. Se nos ha ido de las manos.
—Jack, en serio, corta ya el rollo —espetó Arjona—. Tú no has dejado este caso. Puedes endosarme todos los papeles que quieras, puedes cerrar las oficinas y declarar que has abandonado la investigación. Pero los dos sabemos que sigues tras la pista del asesino.
—¿Y qué te hace pensar eso?
—Que estás sentado frente al escenario de la segunda muerte, escondiéndote detrás de un periódico que no estás leyendo.
Solté el periódico con frustración.
—Tú eres demasiado listo, Víctor —refunfuñé—. Tú SABES hacer trabajo de investigación, nos contratas para tener más tiempo libre.
—Jack, odio decirte esto, pero creo que estás teorizando sin pruebas. Sólo tenéis un muerto. El segundo ha sido, a falta de nuevos datos, una coincidencia.
—¿Sin pruebas? ¿Has repasado bien ese expediente? ¿Es que ya no recuerdas dónde se encontró el cadáver? ¿Y de verdad pretendes que me crea que la segunda víctima no tenía relación alguna con nosotros?
—Inconcluyente. Oye, ni siquiera deberíais culparos por el primer muerto… Joder, que no lo habéis matado vosotros. Pero el segundo no tiene nada que ver. Hazme caso.
—¿Es la postura oficial de la Policía?
—¿Pues sabes qué? Sí que lo es.
—¿Y la tuya?
Y ahí Arjona guardó silencio. Durante dos reveladores segundos.
—Tampoco te lo crees, ¿verdad?
—No tenemos pruebas, Jack, y eso es lo único que importa. Intenta no olvidar tus propias lecciones.
—¿Pero y si algo se nos hubiera pasado por alto? Ya se nos escapó lo de la furgoneta.
—¿Crees que vas a descubrir la clave de todos los misterios sentándote en un banco del parque?
—Asesinato en el Orient Express, Poirot resolvió el caso sentándose en una silla.
—Jack, odias esa novela, y los dos sabemos que Poirot se inventó la resolución del caso y acertó de chiripa. No intentes engañarme a mí, por favor, que nos conocemos. ¿Qué tramas?
—Los dos queremos que este caso se cierre de una vez por todas, ¿verdad?
—Sí.
—Pues déjame que me guarde mi pequeño as en la manga. No estoy haciendo nada ilegal, eso tenlo claro; pero necesito que me dejes guardarme esto.
Arjona me miró con suspicacia. Por toda respuesta, esbocé una media sonrisa de disculpa. Pero no me sacaría más. La Policía nos culpaba de la primera muerte, pensaban que habíamos abandonado nuestras responsabilidades y nos habían cerrado las puertas. Sólo Arjona seguía de nuestra parte en comisaría.
¿Cómo, entonces, iba a revelar que Irene Watson, la forense externa con la que trabajaba la Policía, también estaba intentando ayudarnos? ¿Cómo iba a exponerla tan pronto?
—Muy bien. Tienes tus secretos, te lo concedo. No me lo digas todo. Pero no me mientas, Jack. Si queréis volver a ser bien vistos en comisaría, no puedo jugar con malas cartas, así que dame respuestas sinceras.
—Es justo.
—Bien. Porque aunque el Comisario agradece tu gesto de buen ciudadano, no creo que nadie en comisaría tenga ni idea de cómo seguir con esto. Vosotros necesitáis volver y nosotros necesitamos ayuda, así que vas a tener que currártelo para que os vuelvan a dejar entrar.
—¿Crees que podremos hacerlo?
Con gesto grave, Arjona se levantó y miró hacia el edificio que teníamos frente a nosotros. El objetivo de mi intensa vigilancia.
—Eso espero —respondió—. Porque no creo que consigas entrar ahí sin nuestra ayuda.
sábado 17 de septiembre de 2011
MARATÓN DEL MISTERIO - El informe
Un misterio de
Jack Ryder
publicado a las
12:38
264
conjeturas
Etiquetas: Aniversario, Maratón del Misterio
jueves 7 de abril de 2011
MIENTRAS TANTO EN EL MUNDO: Las notas de Ricky McCormick
La Maratón del Misterio está a punto de reanudarse. Pero creo que os interesará esto… es algo con lo que podemos mantenernos ocupados entre caso y caso. Prestad atención, porque esto es importante.
Ricky McCormick, cuarenta y un años, abandonó los estudios pero sabía leer y escribir. Era un tipo avispado, aficionado a la criptografía. Nunca se casó, pero tuvo al menos cuatro hijos. En su historial policial figura que cumplió once meses de los tres años a los que fue sentenciado por violación de menores. Padecía del corazón y de los pulmones, no trabajaba y cobraba una pensión por invalidez.
Un conductor que pasaba junto a un maizal en el condado de Saint Charles encontró su cuerpo el 30 de Junio de 1999. La localización del cuerpo ya constituye un misterio en sí mismo: McCormick no conducía y ningún transporte público pasaba por esa zona, pero lo encontraron a cuarenta y ocho kilómetros de su casa. El cadáver ya estaba algo descompuesto, pero pudieron identificarlo por las huellas. La última vez que se le vio con vida fue cinco días antes, en el hospital de Forest Park en Saint Louis haciéndose un chequeo.
Este caso, como veis, se abrió hace doce años. Lo que no se ha hecho público hasta ahora es que, en el bolsillo de McCormick, se encontraron dos notas manuscritas y encriptadas.
Dichas notas han sido objeto de un estudio intensivo por parte de la Unidad de Criptoanálisis y Crimen Organizado del FBI y por la Asociación Americana de Criptogramas. A día de hoy, aún no han sido descifradas.
Sabemos que McCormick no terminó sus estudios, pero que era perfectamente capaz de leer y escribir. Sabemos, por su familia, que utilizaba este tipo de escritura en código desde niño, pero que ninguno de sus familiares sabe interpretar ese código. Aún no se sabe si alguien en el mundo, aparte de McCormick, conoce la clave. El FBI cree que las notas se escribieron tres días antes del crimen.
Cualquier intento de descifrar el código ha sido un fracaso. Las vías convencionales de la criptografía no funcionan con esta clave. El FBI considera que, ahora mismo, sólo existen dos soluciones viables. La primera es encontrar un código previo de los que McCormick utilizaba para comparar, cosa que de momento parece difícil. La segunda vía de investigación que les queda ahora mismo es la participación ciudadana. “Quizás un par de ojos frescos puedan ver algo que a nosotros se nos escapa”, ha dicho el director de la Unidad de Criptoanálisis Dan Olson.
Y ahí, damas y caballeros, es donde entramos nosotros.
Todos conocemos el planteamiento base de la Sociedad del Misterio. Llegamos cuando una investigación se estanca, observamos y deducimos. No somos un cuerpo de seguridad. No somos la policía. Somos, en toda regla, colaboración ciudadana. Pero hasta ahora nos hemos limitado a colaborar en casos que nos hayan llegado directamente (en lo que se podría considerar “el juego”, para que nos entendamos). Esta vez, el FBI ha solicitado ayuda a nivel mundial. No habrá recompensa, avisan, salvo el conocimiento de que hemos ayudado a resolver un asesinato.
Desde aquí recojo oficialmente el testigo y os lo paso a vosotros. Esta vez jugamos a lo grande: nosotros, trabajando como equipo, contra el resto del mundo. No os voy a engañar: considero que este caso va a ser difícil, así que sugiero que nos lo tomemos con calma y trabajemos en él entre nuestros otros casos. Si no lo conseguimos, bueno, la unidad de criptoanálisis del FBI tampoco ha sacado nada en claro, esto no sería ni por asomo una mancha en nuestro expediente; pero si encontramos la solución a este enigma antes que nadie… bueno, ¿creéis que sería demasiado pretencioso decir que entraríamos en la historia de la investigación criminal por la puerta grande?
El FBI necesita refuerzos, damas y caballeros. Ha llegado la hora de ver hasta dónde llega la Sociedad del Misterio.
Un misterio de
Jack Ryder
publicado a las
18:04
85
conjeturas
Etiquetas: criptografía, FBI, Mientras tanto en el mundo, Ricky McCormick
lunes 28 de marzo de 2011
MARATÓN DEL MISTERIO - LLAMADA A LAS ARMAS
Buenas tardes, equipo.
Para todos los que aún no os hayáis enterado... la Maratón del Misterio, nuestro caso más grande hasta la fecha, quedó clausurada hace meses por falta de actividad. Es imposible investigar un caso tan grande si no hay suficientes investigadores de servicio. Fue una clausura dolorosa, la decisión más difícil que tuve que tomar.
Nunca quise hacer leña del árbol caído. Bastante teníamos con saber que no podíamos seguir investigando como para encima recordar lo que ninguno de nosotros quería expresar en voz alta: que habíamos fracasado.
Una idea que, por mediación de uno de nuestros investigadores... ahora está en boca de todos.
Y la respuesta de los que aún estaban atentos no se ha hecho esperar. La Sociedad del Misterio ha vivido horas bajas, pero la palabra "Fracaso" nunca ha estado en nuestro vocabulario. No nos habíamos rendido nunca, ¿por qué vamos a hacerlo ahora? En los últimos días, nuestras oficinas han hervido de actividad por parte de detectives reactivados dispuestos a repasar todos y cada uno de los hechos que conocemos de la Maratón, determinados a encontrar algo que se nos hubiera pasado por alto. Listos para proclamar a pleno pulmón que no existe un rastro lo bastante frío como para que nosotros lo perdamos.
Para los que aún no os hayáis enterado de eso... esta es oficialmente una llamada a las armas.
La Maratón del Misterio va a reactivarse, damas y caballeros. No será fácil después de todo el tiempo que ha pasado, pero nadie ha dicho que nuestro trabajo tenga que ser fácil. No vamos a dejar atrás un caso.
Sólo habrá un aviso. Faltan pocos días para que volvamos al servicio activo. En breve dejaré a vuestra disposición un documento con todos los hechos y antecedentes de la Maratón para que todo el mundo, tanto los que participaron como los que no, tanto los noveles como los veteranos, sepan a qué nos enfrentamos. Hasta entonces... que todo el que esté dispuesto a participar en esta reactivación de la Maratón diga "Yo".
Estos son los hechos. COMIENZA LA INVESTIGACIÓN.
Un misterio de
Jack Ryder
publicado a las
12:44
106
conjeturas
Etiquetas: Llamada a las armas, Maratón del Misterio, Reactivación
miércoles 1 de diciembre de 2010
MARATÓN DEL MISTERIO - Etapa 3 - Caso nº 00029: EL LADRÓN DESAPARECIDO (CLAUSURADO)
El amanecer traía consigo un viento helado que se agarraba a nuestros huesos en un abrazo cruel. La mañana se había despertado triste y lluviosa, como si el sol hubiera decidido que no merecíamos verle hoy.
Pese a todo, sabíamos que el recibimiento que nos esperaba iba a ser mucho, muchísimo más frío.
Jack, Zalaya y yo respiramos hondo al unísono, sin ensayarlo, preparándonos para lo que estaba por venir, y avanzamos hacia la escalinata de entrada. Una escalinata que, por suerte o por desgracia, conocíamos demasiado bien.
—¡No! —tronó una voz desde lo alto—. ¡Ni hablar! ¡Me niego en redondo! ¡Ustedes no pueden entrar aquí!
—¿De verdad tenemos que hacer esto? —pregunte con un hilillo de voz.
—Es la única pista que tenemos para encontrar a Martínez —respondió Jack entre dientes.
Suspire. Tenía razón. Martínez robó algo de nuestras oficinas y algo de las de Carlos Ashmoor. La única relación entre ambas víctimas era el caso Ruby… y la información robada a Ashmoor hacía referencia a una fundación pro-vida dispuesta a reabrir ese caso una vez más. Cada robo nos había conducido hasta el siguiente escenario, era lo único que teníamos.
La gran putada es que el promotor de dicha fundación no era otro que el padre Benito Piña.
El sacerdote descendió las escaleras de la Parroquia de San Conrado hecho un basilisco, su calva cabeza encendida en un tono rojo brillante y perlada de un sudor impropio para el clima que estábamos padeciendo. Detrás de él, asomándose atropelladamente por la puerta de la iglesia, su sacristán, el Padre Froilán, hacía tímidos amagos de detener al párroco. Pero incluso habiendo tratado pocas veces con él, nosotros ya habíamos aprendido que nada ni nadie detenía al Padre Piña.
—¡La última vez que les dejé entrar, pusieron mi parroquia patas arriba! ¡Detuvieron a una de mis feligresas! ¡Desbarataron todo mi mercadillo benéfico!
—Su feligresa era una asesina, padre, como bien recordará.
—¡La vez anterior, defendieron la blasfemia y la indecencia más indefendibles!
—Tratábamos de impedir un asesinato. Que éste fuese a producirse durante el rodaje de una película porno era irrelevante.
—¡Y la vez anterior a esa, cuestionaron mi buen juicio a la hora de dar o no sepultura a un suicida, por el amor de Dios!
—No fue su juicio lo que se puso en duda, sino la causa de la muerte.
—¡Son ustedes el mal encarnado! ¡Son personas non-gratas en esta Casa de Dios!
—Padre, debo protestar —terció el padre Froilán—. Usted mismo lo ha dicho, ésta es la Casa de Dios. No nos corresponde a nosotros cerrarle a nadie sus puertas.
—¿Pero qué se ha creído? ¡Esta es mi parroquia! ¡Estos hombres son unos sucios degenerados y entrometidos! ¡Y usted ya no es digno de mi confianza, se lo recuerdo!
—Mateo, siete uno —replicó el sacristán visiblemente hastiado del comportamiento del párroco.
Sorprendentemente, estas palabras consiguieron lo que nadie creía posible: callar a Benito Piña.
—Les ruego disculpen esta escena —se excusó el Padre Froilán—. ¿A qué debemos esta visita?
Saliendo del estupor que aún tenía atrapados a Zalaya y a Jack, recobre la compostura y avance un paso.
—Sí, perdone, no queremos molestar, pero estamos investigando una serie de robos y el nombre de la Fundación Pro-Vida San Conrado ha salido a relucir durante nuestra investigación.
—¿Somos sospechosos? —preguntó el párroco.
—Oh, no, sabemos quién fue el ladrón. Sólo intentamos seguirle la pista, y parece que ese hombre estaba especialmente interesado en la fundación que dirige el Padre Piña.
—Es una fundación legítima —puntualizó el párroco—. Defendemos el divino derecho de todo ser humano a la vida. La pena de muerte es una abominación a los ojos de Dios.
—No cuestionamos eso. ¿Pero tienen algún enemigo?
Los sacerdotes intercambiaron una mirada algo confusa.
—¿Quién iba a tener algo contra nosotros? —preguntó el sacristán.
—¡Somos hombres de Dios! —añadió el párroco—. ¡No hacemos daño a nadie!
—Con el debido respeto, quisieron negar la sepultura a una víctima de asesinato tomándolo por un suicida.
—¿Ve? —protestó Piña a su sacristán—. ¿Qué dice su Mateo ahora, eh?
—“Te lo advertí”, creo, ¿por?
El padre Piña contuvo sus palabras una vez más. Se volvió nuevamente hacia nosotros.
—Está bien. Pueden preguntar lo que quieran, y pueden echar un vistazo. Pero esto sigue siendo una Iglesia, aquí sigue viniendo gente a rezar, y no toleraré que perturben la paz de esta parroquia. Así que adelante; pero espero que se den prisa en comprender que no tenemos nada que ver con su investigación.
—Cinco días, padre, es lo único que necesitamos —dije—. Mi compañero Zalaya se encargará de hacerles algunas preguntas, y si no tienen inconveniente, el jefe Ryder echará un vistazo por su parroquia.
—Cinco días —repitió Piña—. Ni uno más.
Estreche la mano del padre Piña para dar el acuerdo por cerrado y nos apartamos de los sacerdotes para deliberar.
—¿Podrás encargarte? —Pregunto Jack.
—No es el primer caso que dirijo, y tenemos al padre Froilán en nuestro bando. No será tan difícil. ¿Tú tendrás algún problema con la escena?
—La única dificultad estará en qué considere Piña que es “perturbar la paz de la parroquia”. Pero tranquilo, sabré arreglármelas.
—Recordad el SMS —puntualizó Zalaya—. No estamos buscando sólo pistas del paradero de Martínez… también tenemos que averiguar quién nos mandó ese mensaje y qué quería decir.
—Cada cosa a su tiempo, pero sí, deberíamos estar pendientes. ¿Todos listos?
—Listo —replicó Zalaya.
—Listo —Asentí.
—Muy bien. Profesor, el caso es tuyo.
Un misterio de
Profesor Boniatus
publicado a las
05:36
160
conjeturas
Etiquetas: Iglesia, Maratón del Misterio
martes 30 de noviembre de 2010
MARATÓN DEL MISTERIO - Intermedio 2 -
—Esto es lo que hemos averiguado —dije.
Carlos Ashmoor nos siguió por toda su sala de documentación mientras le explicaba, con todo lujo de detalles, los hallazgos de Boniatus. El falso techo, inviable. La ventilación, inaccesible. La única posibilidad: la puerta de entrada.
—Como puede ver —indicó Boniatus—, la única explicación lógica es que el ladrón entró del mismo modo que nosotros. A eso añadamos que tenía que saber dónde buscar… Sospecho que el ladrón conocía el lugar, o bien obtuvo información de alguien que lo conoce.
—¿Cree que compró esa información a uno de mis empleados?
—O que quizás sea uno de sus empleados—apuntó Zalaya—. Según he oído, uno de ellos se ha comprado un cochazo recientemente, y hay alguno de baja.
—En cualquier caso, el ladrón sabía lo que buscaba —concreté—. No se habría tomado tantas molestias sólo para robar algo al azar. Lo que cuadra con el modus operandi de nuestro ladrón.
—No creo que sea suficiente. Que el ladrón sepa lo que buscaba es algo demasiado genérico. ¿Cómo sabemos que no se trata de un caso idéntico a los anteriores?
—Es la primera vez que ha faltado algo en su sala de documentación —intervino Boniatus.
—¿Disculpe?
—Su empleado, el señor Ponce, me ha dicho que nunca antes habían llegado a echar nada en falta. Si les han robado antes, el ladrón copiaba los datos y devolvía el original. Esta vez se lo ha llevado. No es el mismo ladrón, o bien esta vez el cliente quería los originales.
—Encaja con nuestro caso, pero no con los suyos anteriores —concluí—. No es su mismo ladrón de siempre.
—No lo entiendo —musitó Ashmoor—. Lo único que la Sociedad del Misterio y Ashmoor Comunicación tienen en común es al Asesino del Destornillador.
—Quizás haya habido alguna novedad al respecto.
—No, ninguna, sigo el caso de forma activa…
De pronto algo pasó por la mente de Ashmoor.
—… a no ser…
—¿Qué?
—La información robada. Se trata de los datos de un cliente nuestro, una nueva fundación pro-vida. Tienen la intención de presentar batalla a la pena de muerte en Estados Unidos, para empezar. Que es, recordarán, donde Peter D. Gordon está condenado a muerte.
—Un nexo de unión. Tendremos que hablar con esa fundación. ¿Dónde podemos encontrarles?
Ashmoor nos pidió un momento y comenzó a buscar en su ordenador. En ese mismo momento sentí en mi bolsillo el zumbido de un SMS entrante… y por la reacción de mis jefes de departamento comprendí que a ellos también les había pasado.
—¡Lo tengo! —exclamó Ashmoor—. Aquí está la dirección.
Nuestro anfitrión imprimió los datos de la fundación. Razón social, dirección postal, nombre del promotor de la idea. Me lo tendió tan pronto como salió de la impresora.
Claro. Nosotros y nuestra suerte.
—¿Cree que les será de alguna ayuda? —preguntó.
—Habrá que hacer lo que se pueda —comenté, tratando de no traslucir mi descontento—. Seguiremos esta pista, gracias. A cambio, acepte nuestro consejo: averigüe qué pasa con esa baja y con ese cochazo.
---
Tan pronto como salíamos por la puerta del gabinete de Ashmoor, mis jefes de departamento me preguntaron qué era lo que me había disgustado tanto. A modo de respuesta, les puse en las manos el papel que Ashmoor me había impreso. Boniatus lo cogió de inmediato.
—Oh, mierda —se lamentó.
—¿Te encargas tú? A ti ya te conoce.
—Qué remedio.
—Uhm, chicos… —avisó Zalaya mirando su móvil—. ¿Vuestro SMS es igual que el mío?
Leímos la pantalla de su móvil, e inmediatamente consultamos los nuestros. Efectivamente, los tres habíamos recibido el mismo mensaje desde un número oculto:
“¿Le queréis? Le tengo. Venid a buscarlo”.
Un misterio de
Jack Ryder
publicado a las
18:44
5
conjeturas
Etiquetas: Carlos Ashmoor, Martínez, robo, Secuestro, teléfono
lunes 22 de noviembre de 2010
MARATÓN DEL MISTERIO - Etapa 2 - Caso nº 00028: DE MENTIRAS Y ROBOS
Lo que empezó como una mentira se había convertido en una investigación por robo. El “señor Martínez”, que tanto anhelaba contratar nuestros servicios, había optado por irrumpir en nuestro almacén de pruebas y robarnos una revista. Sólo una revista. Boniatus había revisado el almacén una docena de veces y no había encontrado nada más fuera de lugar.
Eso nos dejaba con sólo una vía de investigación. Dado que ese hombre se había esforzado en no regalarnos ni tan siquiera una huella dactilar parcial, y dado que probablemente ni siquiera su nombre fuese auténtico, sólo teníamos el objeto del robo para investigar.
Así que, una semana después y tras asegurarnos de que no teníamos nada más, me presenté en el gabinete de relaciones públicas de Carlos Ashmoor. Hacía tiempo que no veía a aquel caballero, y en ocasiones pienso que me habría gustado visitarlo en otras circunstancias. Pero por desgracia, no tendría el placer de coincidir con él si no era por motivos de trabajo… y del mío, no del suyo.
Si he de ser sincero, lo primero que me extrañó fue cuánto tardó Ashmoor en recibirme. Quería creer que, a primera hora del lunes, le pillaría con poca faena por delante, y la infalible puntualidad británica de Ashmoor me confirmaba, fuera de todo género de dudas, que estaba en su despacho cuando llegué. Sin embargo me tuvieron esperando tres cuartos de hora antes de recibirme, cuarenta y cinco minutos de miradas inquietas por parte de una decena de empleados.
Cuando finalmente me hicieron pasar, quedé sorprendido por lo que encontré. La siempre aguda y penetrante mirada de Ashmoor había quedado reducida ahora a un par de puntos de angustia y stress por encima de su nariz. Me dedicó una cordial sonrisa cuando entré, pero podía notar que era forzada. A su invitación, tomé asiento y esperé a que me preguntase.
Aún así, la pregunta me cogió por sorpresa:
—No negaré que sus habilidades siempre me han impresionado, señor Ryder, y normalmente prefiero sentarme, disfrutar del espectáculo y tratar de seguir sus razonamientos por mí mismo; pero esta vez tengo que preguntárselo: ¿cómo ha sabido lo del robo?
—¿Disculpe?
—Por eso ha venido, ¿no es cierto? Por el robo.
—Así es… Disculpe, ¿cómo ha…?
—¿Qué quiere decir con…?
No sabría decir quién de los dos lo pilló primero. Pero él lo dijo en voz alta antes que yo.
—A ustedes también les han robado, ¿verdad?
—¿Cuándo ha sido? —pregunté.
—Hace dos semanas. ¿Ha sido la revista?
—Así es. La única explicación a mi visita, ¿verdad?
—¿Han podido ver al ladrón?
—Sí pero no sabemos quién es. No tenemos huellas, ni una identificación.
—Ya han tenido más suerte que nosotros.
—¿Cree que ambos robos están relacionados?
—Puede ser. Pero claro, es un error teorizar sin pruebas, ¿no es así?
—Sin duda —dije con una sonrisa franca.
Ashmoor me devolvió la sonrisa. Por un momento los dos lo tuvimos claro: ayudarle a él podría ayudarnos a nosotros.
—¿Qué les ha desaparecido?
—¿Qué puede desaparecernos a nosotros?
—Información.
—Comprenderá, supongo, que no puedo revelar la naturaleza de dicha información. Podría perjudicar la imagen de nuestros clientes, sin mencionar la de nuestro gabinete.
—Lo comprendo, pero nos ayudaría al menos saber sobre qué clientes trataba dicha información.
—Me es imposible revelar esa información.
—Señor Ashmoor, entienda que cualquier dato que nos ayude a esclarecer estos robos…
—Como hemos acordado hace un momento, sería un error teorizar sin pruebas. No sabemos si ambos robos están relacionados, y mientras no lo sepamos no veo que exista ningún motivo por el que dicha información deba ser revelada. Mi negocio se dedica a la imagen, señor Ryder. Muchos de mis clientes dependen de mi discreción.
Contuve mi impulso de responder. Ashmoor tenía razón, no podía basar mis argumentos en que resolver su robo esclarecería el nuestro, pero no por ello dejaba de ser una vía de investigación. Necesitábamos averiguar si existía una conexión. ¿Hasta qué punto podíamos prescindir de esa información?
—Le propongo algo —dije entonces—. Echaremos un vistazo al lugar del robo. Hablaremos con su gente, incluso con usted mismo, para recopilar toda la información posible. Investigaremos este robo, y si encontramos algo que lo relacione con el nuestro, usted compartirá algo más de información con nosotros. De esta forma no tendrá que revelar nada si no es estrictamente necesario.
—Hm, no es una mala opción —meditó Ashmoor—. Huelga decir que, en el caso de que dicha información deba revelarse, esperaré de ustedes la discreción de unos profesionales.
—Naturalmente.
En fin. No eran las condiciones óptimas, pero sabía que Carlos Ashmoor colaboraría con nosotros tanto como sinceramente pensase que podía. Además, era la única pista que teníamos para dar con “Martínez”.
—¡Bien! ¿Por dónde empezamos?
Un misterio de
Jack Ryder
publicado a las
11:24
37
conjeturas
Etiquetas: Carlos Ashmoor, Maratón del Misterio, Martínez, mentira, robo
sábado 13 de noviembre de 2010
MARATÓN DEL MISTERIO - Intermedio 1 -
Ya era tarde y el señor Martínez (si es que ese era su nombre) no se presentaba. Poco a poco, los investigadores de la Sociedad del Misterio dejaban que el cansancio pudiese con la curiosidad y se retiraban, instándome a avisarles si había alguna novedad en el caso. Al final, ya sólo quedábamos los jefes de departamento y yo.
A punto estábamos de darnos por vencidos cuando nuestro esperado visitante finalmente apareció. Se presentó con la misma mirada de desconfianza que la primera vez. Tomó asiento sin ser invitado y esperó un par de prudenciales segundos antes de preguntar.
—¿Cuándo pueden empezar con mi caso?
Zalaya carraspeó.
—Bueno, verá, señor Martínez… Esta es la situación. Somos una consultoría privada, lo que significa que nos reservamos el derecho a escoger a nuestros clientes. Y aunque su caso nos resulta francamente interesante, bueno… Existe una serie de impedimentos que deberían ser arreglados antes de…
—¿De qué está hablando? —inquirió Martínez con una mirada de desesperación.
—Iré directo al grano. Nos ha mentido. Sabemos por su reloj que su último destino no ha sido Canarias. Sabemos por su miedo que no es escultor. Sabemos por su historia que no huyó del país cuando nos dijo. Sabemos por su trabajo que no se dedicaba a la falsificación. Incluso sabemos por sus guantes que no es Eduardo Martínez. Estaremos encantados de ayudarle con su problema, pero primero usted tendrá que confiar en nosotros.
—¿Qué?
—Ya me ha oído. Si quiere que resolvamos su caso, tiene que ser sincero con nosotros. No podemos trabajar si no sabemos cuánta de la información que tenemos es veraz.
Martínez se levantó de la silla hecho un basilisco. Boniatus y yo nos tensamos en el acto, dispuestos a impedir cualquier tipo de agresión. Pero no hizo falta: nuestro visitante se contuvo en el último momento, como si hubiera decidido que eso no iba a servir de nada.
Como una exhalación, salió del despacho dando un nuevo portazo. Se habían convertido ya en su especialidad.
—¿Me he pasado? —preguntó Zalaya.
—¡Deja de preguntar eso! Le has puesto las cosas claras, simplemente. Si quiere nuestros servicios, que acepte nuestras condiciones.
—Si es que ya le vale, jefe… Yo en estos casos me pregunto qué pretende la gente. Engañarnos no, nos lo ha puesto muy fácil, así que ¿qué?
—¿No te has quedado con ganas de saber a quién quería que investigáramos? —pregunté.
—La verdad es que sí. Pero bueno, si se lo piensa ya volverá y nos contará la verdad para que podamos empezar a…
—Algo va mal —interrumpió Boniatus.
—¿Qué?
—Ha tardado más de lo normal en dar el segundo portazo.
Y sin decir más, salió corriendo del despacho. Zalaya y yo nos miramos y le seguimos a toda prisa. Pero antes de que diéramos con él…
—¡Agente caído!
Guiándonos por su voz, recorrimos la sala común, pasando entre las mesas de los investigadores, hasta llegar a la entrada del almacén de pruebas. Y allí estaba: el agente Rabbit, el guardián de nuestro almacén, tumbado en el suelo sin conocimiento.
—¿Cómo está?
—Saldrá de esta. Jack, ese tío ha cogido la llave del almacén.
Me fijé en la puerta de nuestro almacén de pruebas, a la espalda del Profesor Boniatus. La llave estaba aún en la cerradura, y la puerta abierta de par en par.
Relevé a Boniatus: si teníamos una escena del crimen, él era el mejor para investigarla. Mandé a Zalaya a perseguir a nuestro visitante, y verifiqué que el agente Rabbit no había sufrido daños irreparables. Después me uní a Boniatus en el almacén.
—¿Qué falta?
—Poca cosa, Jack. Martínez no parece haber tocado mucho. Tendría que echar un vistazo más a fondo, pero así a primera vista… diría que sólo falta esto.
Señaló hacia un estante donde yacía una caja vacía. Identifiqué inmediatamente el contenedor y, por tanto, el contenido desaparecido. Martínez había robado la revista que Carlos Ashmoor nos regaló tras el caso Ruby.
—Termina de revisar la escena. Yo voy a llamarlos a todos. De momento no vamos a aceptar más casos.
—¿Qué? ¿La Sociedad del Misterio cierra sus puertas?
—Sólo al público, profesor. Alguien nos ha mentido y robado en nuestras propias narices. Ahora mismo, nuestro cliente somos nosotros. Si vamos a darle caza al ladrón, será mejor que volquemos todos nuestros esfuerzos.
—¡Jack! —me llamó mientras me dirigía hacia el teléfono—. Oye, entiendo que el robo de una revista guarra en nuestras oficinas es motivo de indignación, pero ¿no crees que lo estás sacando un poco de quicio?
En ese momento no supe verlo con claridad. Pero cuando recuerdo la sonrisa que esbocé entonces, comprendo ahora que se trataba de la emoción de la caza.
—Esa caja estaba guardada al fondo del almacén. Si Martínez no ha tocado nada más es que ha ido a tiro hecho a por ella. ¿Sabía lo que buscaba? Esto se ha convertido en una Maratón del Misterio y el pistoletazo de salida ya ha sonado. ¿Cuánta ventaja más quieres dejar que nos lleve nuestro ladrón?
Un misterio de
Jack Ryder
publicado a las
23:59
31
conjeturas
Etiquetas: Maratón del Misterio, mentira, robo, una caja de porno