Bienvenidos una vez más a la Academia del Misterio. En la lección de hoy, vamos a hablar de algo que nos podemos encontrar en más de una ocasión: ambigüedad en las pruebas.
Como siempre os he dicho, nosotros trabajamos con pruebas, con hechos, con todo aquello que el culpable deja atrás a sabiendas o no. El trabajo del investigador consiste en recopilar esos hechos, atar los cabos y deducir a qué nos lleva todo eso.
El problema es... que muchas veces, las pruebas que tenemos (o al menos las que tenemos a la vista) pueden conducir perfectamente a más de una conclusión diferente. Y mientras no se conozcan más datos, probablemente será imposible descartar ninguna de esas conclusiones. Es por ello que conviene fijarse en todos los detalles que rodean al caso; la mayoría serán irrelevantes casi siempre, pero siempre habrá alguno que desmienta una teoría equivocada, y por tanto ignorar ese detalle sería un error demasiado arriesgado.
Sé que dicho así puede quedar un poco obtuso, así que permitid que os lo exponga, como ya es tradición, con un ejemplo extraído de los casos de Sherlock Holmes. Esta vez voy a extraer un fragmento de diálogo de "La Aventura del Constructor de Norwood".
Os pongo en antecedentes. Un joven procurador, John Hector MacFarlane, recibe la visita de un viejo constructor retirado, el señor Jonas Oldacre, que le pide que le redacte su testamento partiendo del borrador que le proporciona. Para su sorpresa, MacFarlane descubre que, salvando un par de detalles, Oldacre se lo deja todo en herencia a él. Al parecer, Oldacre es un viejo amigo de sus padres. Le pide que acuda esa noche a su casa en Norwood para llevarle el testamento redactado, revisarlo, firmarlo y sellarlo. El joven se presenta allí esa noche, terminan tarde con el papeleo, se pregunta dónde habrá dejado su bastón la criada que le abrió la puerta y, como ya es noche cerrada, se queda en un hotel y regresa a su casa al día siguiente. Al día siguiente, el periódico cuenta que se ha producido un incendio en el almacén de madera en la parte posterior de la casa, que Oldacre había desaparecido, que su caja de caudales estaba abierta y que se había encontrado el bastón del joven MacFarlane manchado de sangre. El presente fragmento de diálogo, que ilustra a la perfección las múltiples interpretaciones que se pueden extraer de un número incompleto de pruebas, tiene lugar entre el Inspector Lestrade, quien está convencido de la culpabilidad de MacFarlane, y Sherlock Holmes, que no lo ve tan claro.
-¿Que no lo ve claro? Pues si esto no está claro, no sé qué puede estarlo. Tenemos un joven que se entera de repente de que si cierto anciano fallece, él heredará la fortuna. ¿Qué es lo que hace? No le dice nada a nadie v se las arregla, con cualquier pretexto, para visitar a su cliente esa misma noche; espera hasta que se haya acostado la única otra persona de la casa y entonces, en la soledad de la habitación, asesina al viejo, quema el cadáver en la pila de madera y se marcha a dormir a un hotel cercano. Las manchas de sangre encontradas en la habitación y en el bastón son muy ligeras. Es probable que creyera que el crimen no había derramado sangre, y confiara en que si el cuerpo quedaba consumido desaparecerían todas las huellas del método empleado, huellas que por una u otra razón lo señalarían a él. ¿No resulta evidente todo esto?
-Mi buen Lestrade, para mi gusto es un pelín demasiado evidente -dijo Holmes-. La imaginación no figura entre sus grandes cualidades, pero si pudiera por un momento ponerse en el lugar de este joven, ¿habría usted escogido para cometer el crimen precisamente la primera noche después de redactar el testamento? ¿No le habría parecido peligroso establecer una relación tan próxima entre los dos hechos? Y lo que es más: ¿habría usted elegido una ocasión en la que se sabía que estaba usted en la casa, ya que un sirviente le ha abierto la puerta? Y por último: ¿se tomaría usted tantas molestias para hacer desaparecer el cuerpo, dejando al mismo tiempo su bastón para que todos supieran que es usted el asesino? Confiese, Lestrade, todo eso es muy improbable.
-En cuanto al bastón, señor Holmes, usted sabe tan bien como yo que los criminales a veces se ofuscan y hacen cosas que un hombre sereno no haría. Probablemente, le dio miedo entrar otra vez en la habitación. A ver si puede presentarme otra teoría que encaje con los hechos.
-Podría presentarle media docena con toda facilidad -respondió Holmes-. Aquí tiene, por ejemplo, una muy posible, e incluso probable. Se la ofrezco gratis, como regalo. Un vagabundo que pasa por allí los ve a través de la ventana, que sólo tiene la persiana medio bajada. El abogado se marcha. El vagabundo entra. Coge un bastón que encuentra por ahí, mata a Oldacre v se larga después de quemar el cadáver.
-¿Para qué iba el vagabundo a quemar el cadáver?
-¿Y para qué iba a quemarlo McFarlane?
-Para hacer desaparecer alguna prueba.
-Puede que el vagabundo quisiera ocultar el hecho mismo de que se había cometido un asesinato.
Por supuesto, con lo que os he relatado no os resuelvo el misterio. Aún podéis disfrutar de su lectura si todavía no lo habéis hecho. Pero como podéis ver, las mismas pruebas parecen apuntar en más de una dirección posible.
A nosotros mismos nos ha pasado también más de una vez. El Padre Piña lo puede certificar en, al menos, dos ocasiones: el aparente suicidio de Jorge Brezo, que podría haber quedado sin resolver si no hubiéramos encontrado el pescado descongelado en su nevera; y las últimas palabras de un moribundo que parecían acusar al Padre Froilán, y que habrían sido consideradas como tales si la víctima no hubiese sido alemán. Nuestro último caso, sin ir más lejos, tenía todas las papeletas para acabar (como de hecho acabó, aunque fuese por motivos diferentes) con Chema Pascual y Yolanda Ferrán entre rejas. Las cámaras incluso les registraron entrando en el establecimiento. Y sin embargo, ya pudisteis ver lo diferente que fue el resultado.
Por eso es importante estudiar todos los hechos. Algunos serán irrelevantes, normalmente la mayoría de ellos; pero los habrá que le quiten todo el sentido a alguna de las teorías. Ese es el auténtico papel de lo que aquí llamamos "la incoherencia incriminatoria".
A continuación, y para no perder las sanas costumbres, vamos a comprobar si habéis entendido el concepto. Los más veteranos ya sabéis cómo funciona esto: voy a plantearos un ejercicio práctico y a activar la moderación de comentarios; a partir de ese momento, vosotros disponéis de una semana para publicar vuestras conjeturas. Permancerán ocultas para que, si alguien acierta, los demás aún puedan seguir jugando. Dentro de siete días, sin embargo, sabréis cuál era la solución. Os aviso que el de hoy puede ser algo retorcido... que al final los resolvéis todos muy rápido ;) ¿Listos?
Dos detectives van dando un paseo por la calle. Junto a ellos pasa una mujer, de algo menos de treinta años, riñendo a un niño de no más de cuatro. La mujer habla en español, pero su acento es claramente francés. Lleva anillo de casada. La mujer está muy bronceada, pero el niño no. Ella se refiere al padre del niño como "Tu padre", y al niño por su nombre (Luis). El niño no la llama de ninguna forma, ni por su nombre ni "Mamá", pero la trata con mucha confianza y se ríe cada vez que ella habla. Partiendo de esos datos, el primer detective dice "El idioma natal de ella es el francés, pero el de él es el español. No es su madre, probablemente es su niñera o una amiga de la familia que lo está cuidando". El segundo, sin embargo, dice "Lleva anillo de casada, el niño es pequeño. El padre es español y están educando al niño en ese idioma".
¿CUÁL DE LOS DOS ES MÁS PROBABLE QUE TENGA RAZÓN?