La figura se desplazó dándole la espalda a las cámaras de seguridad. Era alto, voluminoso. Había abierto la puerta, y la alarma no sonó. Ni la normal ni la silenciosa. Se adelantó hasta el ordenador de seguridad, introdujo un disco en la unidad y las cámaras se apagaron.
Cuando se volvieron a conectar, una figura yacía en el suelo, desmadejada. Un cadáver en las oficinas de la Sociedad del Misterio.
El teléfono sonó a las seis cuarenta y cinco de la mañana. La mano tanteó, tiró un botellín de agua, aporreó la lamparilla hasta dar con el puñetero inalámbrico. Estaba al lado de un libro de criminología.
Ryder contestó.
—Mfffgl… ehem… Ryder… ¿Quién es?
Quince minutos después se había personado en la entrada de la Sociedad del Misterio.
Matilde López, señora de la limpieza que trabajaba para una empresa contratada por la Sociedad fue la que descubrió el cadáver, que, tirado, se hallaba en la misma entrada de las oficinas.
Ryder, quieto y con la mano en el mentón, analizó lo que veía, a saber:
1.- Un cadáver en la entrada de la Sociedad del Misterio.
2.- No había manchas de sangre ni arma homicida a la vista.
3.- Había una nota en el tablón de los anuncios.
4.- La nota sólo tenía en el exterior dos letras. A. K.
Rezaba lo siguiente:
“Siento despertarle, doctor, pero tenía algo entre manos y no sabía donde dejarlo. Confío en que aquí esté a resguardo, ya sabe, hay muchos carroñeros sueltos.
No lo he hecho por animadversión ninguna hacia ustedes. No quiero decirles mucho más, pero les diré que son los únicos en los que confiaría un asunto de ésta índole.
Atentamente:
A. K.
P.D: Dígale a Boniatus, de mi parte, que el café es excelente. Le alabo el gusto.”
Ryder llamó a la policía y a la plana mayor de la Sociedad: Tenía un cadáver en sus oficinas y había mucho que hacer…
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Tan pronto como el juez de instrucción lo ordenó, la doctora Irene "Watson" Garzón se encargó de levantar el cadáver. El detective Ryder le dedicó una mirada de despedida mientras su rostro desaparecía en una bolsa para cadáveres. Por el momento sólo habían conseguido su identidad: Carlos Duarte de la Torre, 40 años recién cumplidos, cirujano. Aparte de eso, nada más.
-Esto va a ser complicado, Jack -dijo la forense.
-Lo sé, mi equipo y yo nos pondremos a trabajar en cuanto...
-No, no me has entendido. Quiero decir que me huele a encerrona.
-Encontraremos a ese asesino, tranquila.
-No deberíais hacerlo.
-¿Perdona?
-Deberíais dejar este caso en manos de la policía.
-¡Irene! ¡Por si no te has dado cuenta, nos han dejado un cadáver en casa!
-Lo sé.
-¿Te das cuenta de cómo nos hace quedar eso?
-Como los principales sospechosos. Por eso la policía no se mostrará muy abierta a colaborar.
-¡Exacto! Y por eso tenemos que encontrar al asesino. Es la única forma de demostrar nuestra inocencia.
-¿Recuerdas lo que decía papá en estos casos?
Ryder suspiró.
-Piensa en ajedrez -continuó la doctora-. Si A. K. es la mente criminal que me has dicho que es, cada jugada tiene que estar ensayada para obligarte a reaccionar. Y como tú mismo has dicho, encontrar al asesino es lo único que demostraría vuestra inocencia... así que eso tiene que ser lo que quiere que hagáis.
-¡Pero...!
-Ya os pilló la última vez, ¿recuerdas? No puedes entrar en su juego. No si no quieres que se vuelva a salir con la suya.
El detective cayó derrotado sobre su silla.
-Arjona y yo nos ocuparemos de que esto se haga bien -añadió la doctora Garzón-. Vosotros nos habéis ayudado con un montón de casos... deja que ahora ayudemos nosotros.
-¿Me avisarás cuando determines la causa de la muerte?
Esa fue toda la respuesta que la doctora recibió. El detective Ryder estaba sumido en sus propios pensamientos, atrapado por ellos y sin ninguna intención de escapar.
La forense se despidió y salió del despacho. En la puerta se cruzó con el Profesor Boniatus, que la saludó cordialmente y pasó a hablar con el jefe.
-No he podido evitar escuchar la conversación. ¿Entonces vamos a hacerle caso? ¿Nos vamos a mantener fuera de la investigación?
-Sí y no, respectivamente -respondió Ryder con media sonrisa-. Irene tiene razón, es una encerrona, y ya hemos pasado por eso y no nos gustó la primera vez; pero... ¿qué consigue A. K. con que nos pongamos a perseguir al asesino?
-¿Que nos acusen de obstrucción a la justicia?
-No, eso sería "qué gana". Pero lo que consigue es distraernos del resto de las piezas de este caso.
-¿Qué resto de...?
-Averigua dónde estaba la consulta de la víctima. No menciones el asesinato. Vamos a seguir ese cabo, vamos a averiguar quién era Carlos Duarte para A. K. y por qué le quería muerto.