Bueno, compañeros y compañeras… como no se nos ha quedado el mejor sabor de boca posible de nuestro último caso, y mientras nos entra alguno nuevo, creo que este es un buen momento para desempolvar los Archivos Secretos del Doctor Watson.
Recordaréis, probablemente, que estos son los informes confidenciales que mi difunto amigo y mentor, el doctor en medicina forense Juan “Watson” Garzón, elaboró para demostrar que existía corrupción policial en el cuerpo. También es posible que recordéis que, en su testamento, Watson nos legaba estos informes… en forma de lecciones prácticas. Así que ya sabéis, aquí tenéis un caso ya resuelto, pero del que se omite el razonamiento que llevó a la deducción final.
Tenéis, como siempre, una semana para resolverlo. Como de costumbre, las conjeturas permanecerán ocultas hasta el cierre, de forma que si alguien acierta los demás no lo vean y puedan seguir participando.
Una cosa más... no es estrictamente necesario, pero si alguien quiere retomar el hilo desde la última lección recordad que tenéis aquí el primero de los Archivos Secretos.
¿Listos?ARCHIVO Nº 002: DOS MUERTES SOSPECHOSAS
por el doctor Juan Garzón
La corrupción en el cuerpo de policía era ya una certeza en este punto, pero necesitaba más pruebas para asegurarme de blindar la investigación. Y lo más importante, aún me faltaba averiguar hasta dónde llegaba la corrupción. De momento tenía dos vías abiertas, el psiquiatra y la policía científica; y el compañero del difunto Fermín Bueno tampoco me terminaba de parecer trigo limpio, pero no tenía nada sólido que utilizar contra él
Fue entonces cuando me llegaron dos muertes más en dos días consecutivos.
La primera fue Elvira Prat, treinta y siete años, ama de casa. La esposa de Ramón Varela, cuarenta, policía. Había sido brutalmente golpeada hasta morir. La muerte fue causada por una fuerte contusión en el cráneo, sobre la sien derecha. Mi examen determinó que dicho golpe fue propinado con un objeto pesado y romo, de aproximadamente cinco centímetros de diámetro, y la posición de la herida indicaba que el agresor había estado frente a la víctima cuando la golpeó. De hecho, pocas heridas se encontraban en la parte posterior del cuerpo… el asesino la estaba mirando a los ojos mientras la mataba a golpes.
Varela casi se desmorona cuando vino a identificar el cadáver. Sus compañeros tuvieron que ayudarlo a salir de la morgue, de tanto que le temblaban las piernas. La última vez que lo vi, se lo llevaban al bar a tomar algo para reponerse.
Durante el resto del día me estuve informando. Varela no parecía tener enemigos. Era un poli de barrio honesto, no se veía involucrado en grandes crímenes ni en problemas con bandas. Como mucho había puesto alguna multa, pero nunca había tenido que llegar a la detención. Elvira apenas salía de casa, se habían mudado recientemente a un nuevo barrio así que sus vecinos apenas la conocían. Me intrigó el detalle de la mudanza, así que indagué un poco más: Varela había solicitado el traslado para poder vivir en una zona mejor de la ciudad.
¿El motivo? Lo sospeché antes de leerlo, las pruebas forenses señalaban en esa dirección: el matrimonio quería convertirse en una familia. Elvira Prat murió embarazada de cinco semanas.
Podía comprender la desesperación que había invadido a su marido. No sólo había perdido a su mujer, sino también a su futuro hijo.
Supongo que por eso no me terminó de sorprender lo que ocurrió al día siguiente. Apenas acababa de empezar mi turno cuando Ramón Varela entró en mi sala de autopsias en una bolsa negra. Suicidio, me dijeron. Lo que sí me cogió por sorpresa fue el presunto móvil: según me dijeron sus compañeros, la investigación de la muerte de su mujer había sacado a la luz una incómoda verdad que había empujado a Varela a quitarse la vida. Y esa verdad era que fue él mismo quien golpeó hasta la muerte a su mujer.
He visto casos de violencia de género, más de los que me gustaría, y debo reconocer que no había visto nada en la autopsia de Elvira Prat que desmintiese esa hipótesis. Además, según tenía entendido Varela era bastante dado a la bebida. Recordé su nerviosismo al ver el cadáver de su mujer (comprensible, por otra parte), y cómo lo primero que hizo fue bajar al bar a emborracharse.
¿Sería eso lo que había ocurrido? ¿Un nuevo caso de “mata a su pareja y se suicida”?
En el fondo quise que la autopsia desmintiera la teoría del suicidio. Pero no fue así. La bala que extraje del cráneo casaba a la perfección con su arma reglamentaria. La pistola se encontró en su mano derecha, la herida en su sien derecha, rastros de pólvora sobre la mano y la manga. La sangre en el cañón y la quemadura en torno a la herida de bala indicaban que el disparo fue efectuado a quemarropa.
No cabía duda. Ramón Varela se había quitado la vida. Sin embargo, y contra todo pronóstico… eso fue precisamente lo que me confirmó que existía corrupción en el cuerpo, que algunos policías estaban siendo eliminados, y que Ramón Varela no era sino la última víctima hasta la fecha:
[...]¿QUÉ FUE LO QUE ENCONTRÓ WATSON EN ESTAS AUTOPSIAS?
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lunes, 23 de marzo de 2009
LOS ARCHIVOS SECRETOS DEL DOCTOR WATSON. Archivo Nº 002: Dos muertes sospechosas
Un misterio de
Jack Ryder
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conjeturas
Etiquetas: asesinato, corrupción policial, Los archivos secretos del doctor Watson, suicidio, violencia de género
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