El cursor parpadeaba en la pantalla de mi ordenador. Había reunido toda la información que teníamos sobre nuestros últimos dos casos. Pero seguía siendo insuficiente. No teníamos nada sobre A. K. Ni su edad, ni su sexo, ni su aspecto físico, ni tan siquiera su nombre completo. No sabíamos si trabajaba solo o con alguien. No sabíamos de dónde era. No sabíamos nada, salvo que por alguna extraña razón nos había escogido como compañeros de juegos.
Me sacaba de quicio. Nunca habíamos encontrado a nadie que cubriera tan bien sus huellas. Claro que, técnicamente, a éste tampoco lo habíamos encontrado aún.
—Jack —saludó Boniatus entrando en mi despacho.
—Profesor… ¿tienes buenas noticias?
—En parte. Verás, en la escena había huellas de pisadas, me llevará algún tiempo cribar las nuestras y las de la policía, pero quizás así podamos llegar a descubrir la estatura, puede que el sexo, de…
—… de quienquiera que llevase allí a David Jiménez personalmente —interrumpí—. No me mires así, profesor, sólo expongo la realidad. No sabemos quién hizo el trabajo. No sabemos si A. K. fue sólo el organizador.
—Sabemos un par de cosas, Jack. ¿Recuerdas al doctor Noriega?
—El que le hizo la autopsia a la madre, sí.
—Pues en la cripta encontramos instrumental quirúrgico. Se ha determinado no sólo que la sangre encontrada en él es de David Jiménez y su madre… sino que las huellas dactilares encontradas en el estuche y en los mangos son de Noriega.
—Lo que explica por qué cogió las vacaciones tan convenientemente.
—Hay más. Una de las herramientas, perdona pero no me acuerdo del nombre, fue la que se utilizó para cauterizar la mano cortada. Pero adivina qué más.
—¿La letra J?
—Exacto. Irene lo ha confirmado. Se grabó a fuego con la misma herramienta.
—¿Dirías que la amputación se produjo en esa misma cripta?
—No, me temo que esa escena aún está por encontrar.
—Entiendo. Lo que me estás diciendo entonces es que Marcos Noriega está implicado en los crímenes de A. K. Que podría ser él, pero que no tenemos pruebas.
—Podría ser él, en efecto. He hecho algunas averiguaciones más.
—Cuenta.
—El doctor Noriega estuvo de vacaciones en fin de año. Hasta ahí todo normal, sólo que su secretaria no sabe dónde fue. De momento, la gente con la que he hablado tampoco lo sabe.
—Lo que quiere decir…
—… que no tiene coartada para el asesinato de Arturo Quintanilla. La primera vez que nos enfrentamos a A. K.
—Sigue sin ser concluyente, pero es un paso. Investigaré si existía alguna relación entre los Jiménez, Arturo Quintanilla y Jorge Brezo. Tiene que haber un motivo detrás de estos crímenes.
Boniatus asintió y se dio la vuelta. La puerta de mi despacho se cerró a sus espaldas.
Inmediatamente me levanté y le seguí.
—¡Profesor! —le llamé.
Algunos investigadores de la Sociedad del Misterio, que estaban presentes, se volvieron para mirarle a él. Boniatus se giró y se encaró conmigo.
—Buen trabajo. Y no sólo con esto. Buen trabajo coordinando tu primera investigación.
—Fue fácil —respondió Boniatus con una amplia sonrisa—. He tenido un buen equipo.
Volví a mi despacho, dejando a Boniatus sumergido en aplausos. Se había ganado ese pequeño triunfo; pero yo aún tenía que terminar el trabajo, si es que alguna vez era capaz de terminarlo. La nueva información que el Profesor había recopilado sería útil, sin duda, pero aún no nos llevaba a nada concluyente, y lo sabía. La añadí al informe, pero no podía dejar de pensar que algo se nos escapaba.
En fin. Abrí otro documento y lo mandé a la cola de impresión. Rápidamente, la lista final de condecorados en el caso doble de la Escena sin Crimen y el Crimen sin Escena apareció por la bandeja de la impresora. La recogí y volví a salir de mi despacho, en dirección a la hilera de tableros de corcho del centro de las oficinas, como de costumbre, y lo clavé en el mismo centro, a la vista de todo el mundo.
Pero no volví inmediatamente a mi despacho. Paralela a la hilera de tableros de corcho hay una segunda hilera de pizarras blancas. Cogí un rotulador, lo agité para estar seguro de que escribiría, y dejé una pregunta para mi equipo de investigadores:
¿POR QUÉ LO HA HECHO?